Somos nuestro pasado, ¿por qué ignorarlo?

La gente me pregunta como se superan los traumas de la vida, la contestación siempre es la misma, la psicología de la calle nos lo dice constantemente: ¡supéralo ya!

¿Y cómo se hace eso?

Bien, lo primero es aprender a no ignorar tu pasado. Eres tu pasado. Lo que piensas, haces y sientes, no es casualidad, es la herencia de lo que has pensado, has hecho o has sentido, con personas, situaciones, proyectos o experiencias tantos personales como profesionales.

¿Y si el pasado produce mucho dolor?

Esa precisamente es su función, por lo que ignorar el dolor, no servirá de nada, hay que recogerlo, entenderlo y redirigirlo siempre hacia un aprendizaje. Cuando perdemos algo, nos inunda la emoción de la tristeza, y la gente nos dice; “no estés triste no sirve para nada”, pero ¿es realmente cierto esto? NO. La tristeza cumple su función, incluso varias muy importantes. A nivel fisiológico te hace ser más lento, disminuye tu metabolismo basal, no te apetece hacer nada, ni salir, ni comer, ¡nada!. En cierta manera te paraliza, con el único objetivo de que te pares, literalmente, a pensar y con ello a aceptar, una nueva situación. Cuando se muere un ser querido, cuando pierdes a un amigo, cuando ya no tienes una función de tu cuerpo o tu mente que antes tenías, en todos estos casos, tu cerebro necesita un tiempo, un tiempo valioso que a nivel neurológico hace que tu cerebro se acostumbre a esa nueva situación donde ya no está lo que has perdido. Si no le das el tiempo suficiente a tu cerebro para reestructurar y acostumbrarse a la nueva situación, ni el dolor, ni la tristeza, habrán cumplido su función y probablemente no podrás superarlo, desde el punto del bienestar emocional.

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Una respuesta a “Somos nuestro pasado, ¿por qué ignorarlo?”

  1. Para mi. la gran lección de la vida es aceptar las pérdidas y fracasos como “lecciones de sabiduría”.
    El dolor nos clava a la experiencia para abrirnos los ojos al conocimiento. Esto en sí es un aprendizaje, por lo que una vez asimilado, las demás lecciones dolerán menos y en ocasiones podemos verlo como un reto: qué es lo que puedo aprender de este dolor.
    Todo depende de si estamos abiertos para mirar con más amplitud o nos acomodamos en nuestro dolor, viviendo como víctimas del mundo.

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